La Academia Aragonesa de Gastronomía volvió a reunir a público y prescriptores en una nueva sesión del ciclo dedicado a restaurantes con estrella, esta vez con Casa Arcas como protagonista.
La presencia de Ainhoa Lozano en el Aula Cultural de El Corte Inglés confirmó algo que ya se intuye al visitar Villanova: Casa Arcas no es solo un restaurante con estrella Michelin, es una forma de entender la hospitalidad. Con un discurso sereno, sin artificios, Lozano desgranó las claves de un proyecto que ha crecido sin perder el pulso del territorio, donde cocina, sala y entorno forman un todo coherente.
Habló de platos, sí, pero sobre todo de actitud. De cómo cada detalle —desde la elección del producto hasta la forma de recibir al cliente— construye una experiencia que va más allá de lo gastronómico. En su intervención hubo técnica y reflexión, pero también cercanía, algo que el público percibió desde el primer momento.
Detrás de ese equilibrio aparece también la figura de David Beltrán, impulsor del proyecto y presencia discreta pero decisiva, uno de esos perfiles que sostienen la casa sin necesidad de protagonismo. Y junto a ellos, la cocina de Víctor Manuel Ovalles, formado en la órbita de Martín Berasategui, aporta solidez técnica y una mirada contemporánea que encaja con naturalidad en el relato de Casa Arcas.
La sesión, presentada por el académico Florentino Fondevila, transcurrió con ese equilibrio difícil entre divulgación y emoción, dejando claro que el éxito de Casa Arcas no responde a una moda, sino a una manera honesta de hacer las cosas. Y quizá ahí esté la clave: en tiempos de discursos grandilocuentes, la naturalidad sigue siendo el mayor lujo.





